viernes, 12 de marzo de 2010

PREGUNTAS 2ª EVALUACIÓN


Aquí os dejo las preguntas de la Unidad 3 de esta 2ª Evaluación para los grupos de 3º de ESO.
Para responder a las preguntas número 20 a la 25 debéis leer el artículo sobre los Castratti incluído en unas entradas más abajo en este blog.

CALENDARIO AL DÍA - FINAL 2ª EVALUACIÓN IES LIBERTAS

miércoles, 10 de marzo de 2010

ARIAS BARROCAS

VERSIONES DEL BARROCO. Para gustos los colores

Laschia ch'io pianga - De la ópera Rinaldo del compositor Haendel



CECILIA BARTOLI "MEZZOSOPRANO" - Laschia ch'io pianga



SARA BRIGHTMAN - Lascia ch'io pianga



JESSYE NORMAN - When I Am Laid de la ópera Dido y Eneas de Henry Purcell


ANNE SOFIE VON OTTER - Lamento de Ariadna de la ópera Ariadna de Monteverdi

FARINELLI, IL CASTRATTO - SINOPSIS


Relato de la vida de Carlo Broschi, célebre castrado que triunfó en la ópera en el XVIII. Con 32 años y en la cumbre del éxito, Farinelli, artista que en el siglo XVIII ennobleció el arte del canto, se retira misteriosamente para dedicar en exclusividad al rey Felipe V de España su prodigiosa voz. Doce años antes, Farinelli y un virtuoso trompetista miden su destreza musical en una plaza repleta de curiosos. El joven cantante impone con facilidad su voz pura y perfecta. El público, entusiasmado, le aclama. Haendel, el compositor oficial de la corte de Inglaterra, que ha asistido a la representación oculto en su carroza, propone a Farinelli que vaya a Londres. Este encuentro supone el inicio de una relación marcada por el odio y la admiración mutua. Tras rechazar las propuestas de Haendel, Farinelli recorre Europa junto a su hermano y compositor Ricardo. En el transcurso de estos viajes, este hombre, cuya voz es capaz de suscitar las emociones más insospechadas, comparte con su hermano, siguiendo un ritual, las mismas mujeres: Farinelli las seduce y Ricardo culmina el acto.


El director de la película es el belga Gérard Corbiau, que une en su persona la pasión por la música (es crítico de ópera) y el saber hacer buen cine.


La primera película suya que conocemos es "El maestro de música", de 1988, donde un cantante retirado, interpretado por el barítono José Van Dam, instruía a dos jóvenes que deseaban participar en un concurso de canto. Tres años después llegó "El año del despertar" que, si bien no trata un tema propiamente musical, sí presentaba una banda sonora, cuidadosamente seleccionada, de autores "clásicos".

Su tercera película, "Farinelli" (1994) le ha supuesto el conocimiento por parte de un amplio público, que ha tenido acceso a un film "cultísimo" (rodado originalmente en tres idiomas: francés, italiano e inglés) con una temática que, en otras circunstancias, se hubiera considerado muy, muy minoritaria. Se trata de la vida de Carlo Broschi, llamado "Farinelli", el más célebre de los "castrati", cantantes que en su niñez eran castrados para conservarles la voz. Una práctica, afortunadamente ya extinguida, aunque no desapareció hasta principios del siglo XX.

Los alicientes que tiene la película para un público, incluso no aficionado a la música, son muchos: una reconstrucción muy cuidada del siglo XVIII, al nivel de las mejores producciones europeas de época; una historia con "morbo" sobre el alcance sexual del protagonista, y hasta dónde puede o no puede llegar con las mujeres -las escenas eróticas son numerosas-; unos personajes creíbles, reales, no acartonados como en tantas películas similares; una muestra de las pasiones humanas, con la relación de amor-odio con su hermano Riccardo, que participó en la castración de Carlo para así poder explotar su voz. Al final, Riccardo acudirá a buscar a su hermano, que vive retirado en Madrid cantando sólo para distraer a Felipe V, para intentar la reconciliación.


En suma, una película atractiva para ser vista por todo tipo de público, aun el menos "operístico"; claro está, dentro de lo que es el cine europeo, ya se sabe que por término medio menos "asequible" que el norteamericano. Una película que se aleja del tono retórico de muchas producciones históricas, y nos presenta hechos y personajes de lo más actual: aunque sea un ejemplo anecdótico, el mismo vestuario de Farinelli nos recuerda a la "estética gay" de nuestros días, con las plumas y lentejuelas de "drag-queen".

Sobre los actores, el reparto es muy adecuado, aunque la mayor parte de ellos me son desconocidos. Con dos excepciones, que interpretan a compositores: Omero Antonutti como un Porpora sólo preocupado por el negocio, y Jerome Krabbé, que hace un fenomenal Haendel (aunque al quitarse la peluca aparezca moreno y no pelirrojo). El carácter orgulloso y despótico del genial sajón está perfectamente encarnado por Krabbé: en una película en la que son muchas las imágenes de "impacto", sirva como ejemplo aquella en la que Haendel aplasta un insecto mientras habla con los hermanos Broschi: el mensaje subyacente pudiera ser: "Así podría hacer también con vosotros".

Para un aficionado a la ópera, aparte de la ambientación, la música y los personajes, se plantean cuestiones estéticas que pueden pasar desapercibidas al resto. ¿La música como arte o como negocio? ¿Cuál es la diferencia entre una obra correcta y "comercial", y una obra genial? Por ejemplo, entre Porpora y Haendel. El protagonista, que se ha hecho rico cantando obras "comerciales", siente una atracción misteriosa por la música de Haendel, porque expresa una emoción que no tienen los productos que canta habitualmente. Y por ello llegará su conversión, llegando a cantar para el "enemigo" (Haendel escribía para un teatro rival); concretamente, el "Rinaldo".

Ciertamente, nos metemos en un terreno donde es difícil expresar con palabras lo que se siente en la escucha, y por eso la película cae a veces en un tono místico, con frases como "Despertar la parte de infinito que hay dentro de nosotros" o "Compartir el misterio", que emplea Farinelli para tratar de decir por qué la música de Haendel es grande (y la de Porpora no lo es). Prefiero una explicación totalmente opuesta: una música es tan grande, no porque nos eleve a alturas desconocidas, sino porque nos revela cosas de nosotros mismos, de la condición humana, porque es tan grande como la vida misma: ¿Cómo no imaginar que Farinelli piensa en su propia y triste situación de castrado, cuando está cantando el "Lascia ch'io pianga"? ("Déjame que llore/ mi cruda suerte/ y que añore/ la libertad").

Merece una mención la banda sonora, que intenta reconstruir la voz de "castrato" con una mezcla, realizada en los laboratorios del IRCAM de París, entre una voz de (mujer) soprano y una de contratenor. Hubiera sido perfectamente posible encomendar a un sopranista actual (como Aris Christoffelis) el dar vida a la voz de Farinelli, pero entonces se hubiera perdido el morbo añadido, para los compradores del disco, de "poseer algo que no existe en la naturaleza", "creado especialmente para la ocasión", etc. Aunque los resultados sean inferiores a los que pueda conseguir hoy una gran intérprete femenina (escúchese a Kiri Te Kanawa, en el disco "The Sorceress", cómo canta el "Lascia ch'io pianga"), al menos ha servido para convertir en superventas un disco de arias de ópera barroca.

"LASCHIA CH'IO PIANGA" de la ópera RINALDO del Compositor Haendel
Una de las más bellas arias jamás compuesta, mirad si no como el mismísimo Haendel se desmaya escuchando a Carlo Broschi "Farinelli".

lunes, 8 de marzo de 2010

LOS CASTRATTI



Alrededor de los siglos XVII y XIX, se dio en italia la tendencia de los niños castrados, para así alabar a Dios en las iglesias; se decía que, las voces de los castrati era lo más cercano a los ángeles en la tierra ya que, como ellos, carecían de sexo.

A fines del siglo XVII se presume que cada año eran castrados unos 2000 niños italianos, aunque algunas veces se duplicaba la cantidad. La Iglesia fue la primera en oponerse y condenar este acto de barbarie, sin embargo, fue por la iglesia por la comenzó esta tendencia, ya que se citaba a Pablo decir "Mulieris in eclesia taceant" (Mujeres en la iglesia callan) y al Papa
Inocencio XI, "las mujeres no pueden subir a escena, en ningún teatro de los estados pontificios".

Al ser las mujeres excluídas de la polifonía religiosa que requería voces agudas, surgió el problema de donde conseguirlas.
En España, a fines de 1500, surgió la moda de los falsetistas. Eran hombres que cantaban en falsete, pero era difícil encontrar hombres que contaran con esa habilidad fónica. Muchos de ellos, para conseguir trabajo, incluso aseguraban su castración.

En 1599, dos castrados, Pietro Paolo Polignato y Girolamo Rossini, fueron contratados oficialmente en la Capilla Vaticana.

Durante 300 años, los castrati incluyeron las voces de soprano y contralto al coro vaticano, siendo su último director el turco Domenico Mustafá, quien se retiró en 1895.

El Papa Pío X publicó después de un motu propio prohibiendo el
uso de los castrati, pero los falsetistas continuaron hasta el papado de Juan XXIII.

El psiquiatra español español Vallejo-Nágera los ubica en tres tipologías: longilíneos, altos y con manos y pies grandes, contrastando con un tórax corto y ancho; otro grupo con nalgas, pechos y caderas de tipo femenino, pelvis anchas y muslos desproporcionados; la tercera tipología no se deforma y mantiene un aspecto normal.
El estudioso del tema Patrick Barbier dice: “
Eran raros los castratis que no provenían de extraciones muy modestas. La familia facilitaba la ablación de los testí- culos de algunos de sus hijos impresionados por el espejismo que se les mostraba de un futuro prometedor, concientes de que un niño en el conservatorio era una boca menos para alimentar, sobre todo en el miserable ambiente rural de la campiña italiana de aquellos tiempos”.

Casi siempre el responsable que tiraba la idea para hacer esto era el maestro de música; en la mayoría de las aldeas, la iglesia contaba con un coro infantil, así como con un profesor que los aleccionaba y estimulaba los padres para que los más virtuosos fueran castrados. También en ocasiones, se vendía al niño a un noble o era abandonado en un orfanato, hasta que contando con siete u ocho años llegaba la cruenta operación.
Se le daba de beber al niño un poco de vino y con mucha suerte algún opiáceo hasta que, de pronto, llegaba el hombre feroz portando pinzas e hilo y le obstruía o arrancaba una de las partes más sensibles de su cuerpo: los testículos.

La castración en sí no era una operación mortal. El problema residía en las condiciones en que se realizaba. Sin asepsia las infeciones solían ser horripilantes, causando la muerte de muchos niños.
En aquellos tiempos la psicología y la psiquiatría, al desconocerse por entonces los mecanismos ocultos de la mente, no tenían en cuenta la psique, pues como se comprende hoy, el niño perdía también su identidad sexual.
El viajero y musicólogo inglés Burney (de quien hablamos en la entrada de Carlo Broschi), aseguraba en sus memorias que en Venecia, Nápoles, Roma, y Bologna había visto carteles en las barberías con leyendas que decían: “Qui si castrano ragazzi” (Aquí se castran niños).

La castración, castigada con la pena de muerte, la llevaban a cabo los barberos (quienes por cierto, eran como doctores "piratas" en esos tiempos, ya que por un monto económico rasuraban, extraían muelas enfermas o castraban a los niños); se dejaba intacto el pene, por eso también le llamaban espadones. Esta operación le impide al joven al alcanzar la pubertad que su organismo produzca la tetosterona, ya que la glándula que la produce son los testículos. Esta hormona masculina produce el cambio de la voz y es la reponsable de los carateres sexuales secundarios (voz grave, vello en la cara y el aumento de la laringe, parte de nuestro órgano de fonación, ya que al dilatarse produce tonos más graves.

La laringe que recién mencionábamos y que es parte del aparato de fonación, integra el trayecto de las vías respiratorias entre la faringe y la tráquea. En los niños pequeños apenas se despliega, pero en la pubertad, en aproximadamente un año y medio, adquiere su real dimensión, que en los hombres adultos es de 4 centímetros y medio de alto, cuatro de ancho y tres y medio de adelante hacia atrás. La carencia de testículos afecta la fertilidad, ya que la testosterona regula la producción de espermatozoides. Los castrados pueden tener, pese a todo, erecciones, pues estas también dependen del sistema vascular.

¿Por qué eran tan admirados estos cantantes?

Por la compración que se hacía a éstos con las voces operísticas normales.


Todos estos datos musicales nos ayudarán a comprender que el extraordinario Carlo Broschi “Farinelli” poseía en su garganta las dos voces, ya que podía cantar desde el Do de la segunda escala hasta el Do de la quinta y aún así, seguir subiendo.

Queda claro que si los tenores y sopranos pueden cantar dos escalas o dos escalas y media, realmente apremiados, Farinelli cantaba tres escalas y media.

Los más Famosos

Baldasarre Ferri (1610 - 1680)
Nacido en Bolonia, ciudad que produjo numerosos cantantes de su tipo, Ferri fue el primero de los grandes castrati del siglo XVII. Las crónicas testimonian su poderoso registro de soprano y la pureza y amplitud de su voz.

Giovanni Carestini, Cusanino (1705 - 1760)
Admirado como espléndido soprano, desde su debut en Roma a la temprana edad de 16 años incorporando la Griselda de Buononcini, Cusanino cambió su registro a medida que maduraba hasta convertirse en uno de los más extraordinarios contraltos del siglo XVIII.

Carlo Broschi, Farinelli (1705 - 1782)
El más célebre de los castrati, formado también por el notable maestro Porpora, Farinelli logró una fama tan extraordinaria debido a su asombroso talento que fue literalmente idolatrado por cuantos le escucharon. Dotado de cultura, simpatía y distinción, tuvo la amistad y protección de reyes, emperadores y el mismo Papa.

Gaetano Majorano, Caffarelli (1710 - 1783)
Tomó su apodo de su admirado protector Dominico Caffarelli, quien le facilitó los estudios de canto con Nicola Porpora, acaso el más célebre maestro vocal de la primera mitad del XVIII. Desde sus inicios en Roma, a los catorce años, la facilidad que demostró para sostener interminablemente las notas agudas y las proezas que realizaba con trinos y otras florituras le granjearon una desmedida admiración.

Giovanni Battista Velluti (1780 - 1861)
Fue, sin duda, el último de los grandes castrati, ya que comenzó su carrera a finales del que fuera el siglo de oro de ellos. Entre sus admiradores contó nada menos que con Stendhal y Napoleón Bonaparte.

Alessandro Moresschi (1858 - 1922)
El último castrati en el siglo XX, quien se retiró en 1913 siendo el único que pudo dejar el testimonio de su voz .para la posteridad en grabaciones realizadas en 1902 y 1904. En ellas se puede apreciar una tesitura de soprano con unos apuntes muy altos que se convierten en únicos, teniendo en consideración que este último castrati no haya podido contar con las técnicas ni educación vocal con las que contaron los castratis de épocas pasadas.

El Castrato Hoy

Hoy en día quizá el que más se acerca a la tesitura de voz castrati son los contratenores como Philippe Jarousky o como el "castrati" natural, Michael Maniacci; un soprano masculino a quien la voz nunca se le desarrolló como debía, es muy cotizado dentro del mundo de la ópera para interpretar papeles hechos para castrati.

Dos ejemplos en vídeo:

Michael Maniaci: Chi perde un momento (Haendel)




Philippe Jaroussky - Vedro con mio diletto (Vivaldi)